Prevención, problema cultural de América Latina que cuesta millones.



Ha pasado  un poco más de un mes desde que la costa norte de Japón se vio azotada por un sismo de 8.9 grados y un tsunami que sepultó comunidades enteras a su paso, además,  el país asiático también enfrenta un derrame nuclear producto de la explosión de los reactores de la central energética de Fukushima, afectada por las tragedias naturales.



De acuerdo con el gobierno japonés, hasta el momento las pérdidas económicas generadas por dichas tragedias ascienden a más de $100,000 millones de dólares, mientras que las pérdidas humanas se calculan en más de 10,000 muertos y 15,000 desaparecidos.

Sin embargo, dichas cifras podrían considerarse positivas si se toma en cuenta la magnitud de los eventos ocurridos.

El terremoto que impactó a Japón registró 8.9 grados en la escala de Richter, 2 grados más que el sismo de 7.0 grados que azotó a Haití en el  2010, en aquel momento en el país americano se contabilizaron más de 150,000 muertos, es decir, 140,000 más que en la nación asiática.

Por otra parte, en una escala de emergencia del 1 a 7 el derrame nuclear de Fukushima ha sido catalogado como de nivel 5. Mientras que la tragedia de Chernobyl fue calificada de nivel 7, la máxima registrada en la historia.

Pese a los estragos causados por dichas tragedias, las pérdidas generadas por los daños no fueron tan altas como los medios internacionales apuntaban en un inicio, esto debido a que el país asiático tuvo la capacidad de mitigar los daños y evitar que éstos se expandieran.

Expertos señalan que la capacidad de respuesta mostrada por las autoridades japonesas se debe a la cultura de prevención que rige tanto a su gobierno, como a sus empresas y que el resto de los países deben de tomar conciencia de lo sufrido por el pueblo japonés.

Es momento para que  los  gobiernos y  las  industrias  privadas tomen como ejemplo al país asiático, destacando la manera como  los daños fueron contenidos.

En América Latina

En América Latina la situación es completamente distinta a la de  Japón, ya que las compañías y los gobiernos de la región consideran los métodos de prevención como soluciones costosas y fuera de su alcance.

Contar con sistemas de prevención y respuesta contribuye con la protección de la información de las empresas y la recuperación de las actividades de la misma tras una catástrofe.

Únicamente el 15% de las compañías de la región cuenta con un sistema efectivo de prevención ante catástrofes. Para que un sistema de prevención se considere completo debe de haber sido diseñado, implementado y probado

En gran parte de las empresas latinoamericanas sólo  se diseñan e instalan sistemas de prevención y respuesta, sin realizar jamás una prueba de su funcionamiento.  
Por su parte el 46% de las Pequeñas y Medianas Empresas (PyME) de América Latina no considera una prioridad de su negocio diseñar un plan para prevenir desastres. El promedio global se situó en 40%.

Estas cifras  están relacionadas específicamente  con el sector privado, si los gobiernos no fueron incluidos en los resultados no fue por que éstos contaran con sistemas de prevención y respuesta eficientes. Gran parte de los gobiernos latinoamericanos no cuenta con sistemas de prevención 100% confiables y con los gobiernos sucede lo mismo que con las empresas privadas, únicamente diseñan e instalan sistemas de prevención sin realizar una prueba del funcionamiento de los mismos.

Este tipo de errores pueden costar la permanencia de una empresa en el mercado, si para una empresa multinacional es difícil levantarse de un golpe que la haya dejado fuera de línea, para una PyME este proceso es aún más complicado. A nivel mundial las PyMEs pueden tener pérdidas de hasta $12,500 dólares por día, además de quedar fuera de línea a causa de una tragedia, natural o artificial.
Lo denunciado acerca de la falta de implementación de planes de prevención por parte de las empresas latinoamericanas es alarmante debido a que durante el año  2009 la región fue catalogada como la zona con el mayor número de incidentes de inactividad causados por catástrofes.

¿Qué cosa sucede con el apagón?
La falta de mecanismos de prevención ante catástrofes se debe a un problema cultural de la región, el cual se basa en la creencia popular del “a mí no me va a pasar”.

Esta ideología se debe a la definición que se tiene de catástrofe, tanto gobiernos, como industria consideran una catástrofe únicamente como  desastre natural de proporciones apocalípticas,  no es necesario que un desastre natural ocurra para que una empresa se vea afectada, basta un corte en el suministro de la energía eléctrica para que una compañía se vea impactada.

Una encuesta reveló que únicamente 23% de las compañías realizan un respaldo diario de su información, mientras que menos de 50% lo hace de manera regular, ambos resultados son presentados de manera global, el  35% de los encuestados indicó que fue la limitación de recursos la que impidió que se realizarán copias de seguridad, señalando al espacio, personal y presupuesto como las principales carencias.

Poco interés

Una de las razones, además del factor cultural, por la cual estos sistemas no han sido adoptados en América Latina es el presupuesto. Hay que reconocer que la mayoría de las compañías de la región son Pequeñas y Medianas Empresas y que debido a esto, su presupuesto es mucho más corto que el de las grandes corporaciones.

Sin embargo, estas soluciones tienen un impacto económico positivo si se toma en cuenta la cantidad de problemas que pueden ahorrar en caso de sufrir una catástrofe.


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