El problema: un bajo coeficiente financiero

La mayoría de los estadounidenses están mal equipados para lidiar con la crisis porque carecen de educación financiera. La gente continúa cometiendo los mismos errores y volviéndose más pobre porque carece de inteligencia financiera. Por ejemplo, la gente espera que el gobierno le resuelva sus problemas. Pero la verdad es que el gobierno no cuenta con suficientes recursos.

Además, buena parte de nuestros problemas son globales: precios del petróleo, terrorismo, etc. Al mismo tiempo, los estadounidenses creen que tienen derecho a empleo, salud, riqueza y prosperidad. De modo que la clase media estadounidense se ha vuelto demasiado complaciente a pesar de la crisis que se avecina. Cuando la generación de los baby boomers se retire, el gobierno tendrá que sacar dinero de donde no lo hay para poder cubrir los gastos de jubilación.



Otro factor que entra en juego es la falta de educación financiera de los estadounidenses. Buena parte de los estadounidenses ha estudiado, pero sabe poco sobre el dinero. Los pobres aprenden a vivir del seguro social y la clase media sigue al pie de la letra la receta de ahorrar, trabajar duro e invertir en fondos mutuales.
Pero esta mala educación financiera ha hecho más pobres a los pobres y amenaza constantemente con la pobreza a la clase media. Por otra parte, la mala educación financiera hace que los estadounidenses sean más vulnerables a las estafas e inversiones dudosas. Por ejemplo, la gente continúa invirtiendo en compañías grandes y bien conocidas a pesar de que buena parte de estas tienen problemas administrativos. Asimismo, la gente sigue contando con el seguro social y el seguro médico (Medicare) a pesar de que ambos programas están a punto de quebrar.
Aumentar el coeficiente financiero

Una vez que hayamos aprendido esta lección, es hora de aprovechar la crisis financiera en nuestro favor. Y esto significa aumentar nuestro coeficiente financiero; es decir, contar con la habilidad de revisar todo el panorama nacional e internacional para poder ver más allá del presente y del futuro y tomar decisiones sobre la base de esta evaluación.
Invertir para ganar
La mayoría de la gente cae en uno de los siguientes cuatro cuadrantes: empleado, pequeño empresario o especialista, gran empresario o inversionista. Además, hay básicamente tres tipos de inversionistas:
1. Gente que no invierte nada: esta es gente que espera que la familia, la compañía o el gobierno se ocupen de su jubilación.

2. Gente que invierte para no perder: esta es la mayoría de los inversionistas.
3. Gente que invierte para ganar: es decir, gente dispuesta a estudiar más, que quiere más, busca un mayor control y quiere mayores retornos.



Podemos volvernos ricos independientemente de qué tipo de inversionista seamos. Pero antes debemos determinar qué tipo de inversionista somos. Algunas personas no pueden o quieren convertirse en inversionistas o emprendedores, pues prefieren trabajar para una compañía y contar con la seguridad de un empleo.
Así pues, tenemos que empezar por preguntarnos: ¿Cuáles son mis valores? ¿Tengo seguridad laboral? ¿Valoro más la libertad? ¿Cuáles son mis capacidades? Dados mis valores y capacidades, ¿a qué cuadrante pertenezco?
Luego, imagine que usted es la persona exitosa que siempre ha soñado ser. ¿A qué cuadrante llegará cuando esté en la cima del éxito? Ahora compare sus dos respuestas. ¿Ya está en el cuadrante correcto? De lo contrario, aguce las capacidades que ya tiene y cree un plan que le permita llegar al cuadrante del éxito. Haga una lista de los pasos que debe dar para llegar hasta allá.
Gane impulso


El impulso es lo que diferencia a los ricos de los pobres y de la clase media. El impulso es la capacidad para hacer más con menos. Si usted quiere ser rico, deberá desarrollar el mayor impulso posible. Es decir, deberá educarse financieramente.


No dependa de expertos financieros, contadores y asesores para invertir su dinero. Buena parte de los expertos financieros carecen de entrenamiento o de experiencia en el área. El impulso puede venir de muchas maneras. Puede venir de los pensamientos. Esto quiere decir que debemos dejar de pensar como pobres. Deje de pensar que no puede invertir porque no tiene dinero o porque no tiene un padre rico o porque no ha heredado una fortuna y, por consiguiente, no puede asumir riesgos.


Deje de pensar que lo más conveniente es ahorrar dinero, vivir modestamente y hacer inversiones poco riesgosas. Aumentar su coeficiente financiero le permitirá asumir mayores riesgos y, a la vez, disminuir las posibilidades de perder, pues usted sabrá lo que está haciendo. El impulso también puede provenir de alianzas estratégicas, que le permitan beneficiarse de las ideas, el dinero y los recursos de otras personas.


Así pues, evalúe cómo se beneficia usted actualmente del impulso en su vida diaria. Haga una lista de:
- El tiempo ajeno que usted aprovecha.
- El dinero ajeno que usted aprovecha.
- ¿Cómo puede aumentar el impulso en su vida?
- ¿Cómo se valen del impulso otras personas?
- ¿Podrá usted hacer lo mismo que dichas personas?


Hay sólo dos cosas que se pueden invertir: el tiempo y el dinero. Pero la mayoría de la gente sólo invierte dinero. El resultado de esto es que siempre terminan perdiendo dinero.

Aportación: Esther Villalobos /coordinador programa e-care.
Fuente: why we want you to be rich por Donald J. Trump and Robert Kiyosaki

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